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¡Nos casamos! Estaremos cerrados del 24 de mayo al 13 de julio para preparar la boda y estar con la familia. Volveremos con el mismo café y el mismo cariño — ¡nos vemos en julio!

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Por qué tu café sabe al lugar del que viene

Hay un momento que ocurre en la barra de vez en cuando. Alguien prueba nuestro Yirgacheffe etíope en el V60, da un sorbo y dice: ¿esto lleva fruta? ¿Le habéis añadido algo? No le hemos añadido nada. Eso es, sencillamente, Etiopía hablando.

La palabra terroir viene de la cultura vinícola francesa, pero pertenece igualmente al café. Describe todo lo que la tierra le da a una planta: la altitud, la composición del suelo, los patrones de lluvia, los cambios de temperatura entre el día y la noche, los microorganismos de la tierra. Todo ello acaba en la taza y, una vez empiezas a buscarlo al probar, ya no puedes dejar de notarlo.

La altitud lo cambia todo

El café de altura crece despacio. Las temperaturas más frescas hacen que la cereza del café tarde más en madurar, y ese tiempo extra permite que los azúcares y los ácidos se desarrollen con muchísima más complejidad. Nuestros granos colombianos de Huila, por ejemplo, se cultivan por encima de los 1.700 metros. Por eso obtienes esa acidez limpia y estructurada, casi como morder una manzana roja madura, junto a un suave dulzor de caramelo en el final. Nada artificial. Solo la altitud haciendo su trabajo.

Suelo volcánico y luminosidad

Nuestros granos guatemaltecos vienen de Huehuetenango, una región de suelo volcánico rico en minerales que drena excepcionalmente bien y mantiene a las raíces trabajando duro. Ese estrés, en el mejor sentido posible, produce un café con una luminosidad distintiva y una especie de profundidad seca con toques de cacao. Cuando lo extraemos como espresso, esa cualidad mineral le da al shot una columna vertebral que atraviesa la leche de maravilla; es una de las razones por las que funciona tan bien como base para un flat white.

Humedad tropical y la taza dominicana

Nuestros granos de República Dominicana son algo que muchos clientes no habían probado antes, y eso es parte de por qué nos encanta ofrecerlos. Cultivados en el Valle del Cibao a menor altitud y con un clima húmedo y tropical, dan una taza más redonda y con más cuerpo: piensa en chocolate negro, un toque de fruta seca, una textura aterciopelada. En la AeroPress con una infusión un poco más larga, ese cuerpo se vuelve casi lujoso.

Cuando el origen se encuentra con el procesado

El terroir no actúa solo. La forma en que se procesa un café tras la cosecha (si la fruta se retira antes del secado, lavado, o se deja puesta, natural) amplifica o desplaza lo que el terroir expresa. Nuestros granos etíopes suelen procesarse de forma natural, lo que permite que las notas inherentes de arándano y jazmín de ese suelo de altura, rico en hierro, salgan a primer plano de manera aún más audaz. Es la tierra y el agricultor trabajando juntos.

Catar con intención

La próxima vez que vengas, prueba a pedirnos que preparemos el mismo método de extracción con dos orígenes distintos en paralelo. Nos encanta hacerlo en el V60: lo despoja todo y deja que el terroir hable sin interferencias. Un colombiano junto a un etíope resulta casi sorprendente por el contraste, y de eso se trata precisamente.

Blend Coffee Roasters, que tuestan todos nuestros granos aquí en la isla, abordan cada origen con esto en mente: los perfiles de tueste se desarrollan para honrar lo que el terroir le dio al agricultor, no para aplanarlo en algo uniforme.

Cada bolsa de nuestra estantería es un lugar concreto, una temporada concreta, un par de manos concretas. Eso no es marketing; es, sencillamente, lo que el café es de verdad cuando prestas atención.

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